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¡Ésta es mi vida!

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De derecha a izquierda, el golpista (1936) y funcionario traidor general Franco, el golpista (1981) y funcionario traidorgeneral Armada y el beneficiario de ambos golpes, el ciudadano Borbón.
Llegué al poder porque un dictador, responsable del asesinato de 197.000 opositores, me designó. Y yo acepté. No podría ser de otra manera, ya que mi padre Juan entró ilegalmente en España cruzando la frontera para ofrecerse como voluntario golpista, vistiendo un mono azul de Falange, y mi abuelo Alfonso, antes de donar a los sublevados un millón de libras de la época (una inmensa fortuna), exclamó “Todos tenemos que ayudar al movimiento de salvación de España y vencer… ¡Quién pudiera estar con vosotros!”. Además, mi deber era exaltar la memoria franquista de mis tíos y primos, cercanos y lejanos, muertos en acción de guerra o en retaguardia: José Luis de Borbón y Rich, Elena de Borbón y de la Torre, Enrique de María de Borbón y de León –tercer marqués de Balboa–, Jaime de Borbón y Esteban, Alfonso de Borbón y de León –segundo marqués de Esquilache–, Gerardo Osorio de Moscoso y Reinoso –conde de Altamira–, Javier Osorio de Moscoso y Reinoso –conde de Trastamara–, Ramón Osorio de Moscoso y Taramona –conde de Cabra y marqués de Ayamonte–, Alfonso de Borbón y Pinto, Alberto de María de Borbón y Castelví y Luis Alfonso de Borbón y de Caral.
Fui elegido a dedo como futuro Jefe de Estado por el tirano asesino, por lo que en mi discurso de aceptación expresé mi convencimiento de que recibía “de su Excelencia el jefe del Estado y Generalísimo Franco la legitimidad política surgida el 18 de julio de 1936”. También por ello no me recaté de transmitir emocionadamente a Franco mi eterno agradecimiento y mi fidelidad a sus Principios, tanto en privado como en público, al menos hasta 1977, año en el que empezó a estar mal visto que yo hiciera manifestaciones de este tipo. Por ejemplo, mi inquebrantable adhesión al régimen genocida franquista, que expresé ante el Consejo Nacional de la Guardia de Franco el 10 de febrero de 1970 de esta guisa: “El 23 de julio, cuando ante las Cortes juré mi condición de Príncipe de España […] afirmé que mi pulso no temblaría, y estad seguros de que no temblará. Vosotros habéis jurado servir a España; Yo, también; Habéis jurado fidelidad a los Principios Fundamentales del Movimiento; Yo, también; Habéis jurado lealtad a Franco y a lo que Franco significa; Yo, también; Queréis para España el esfuerzo continuado que le asegure su grandeza y su lealtad; Yo también quiero lo mismo. Por eso comprenderéis mi satisfacción al encontrarme ante vosotros y presidir este acto. ¡Viva España!”. 7 años después de esta apología del golpismo y del franquismo, aún sigo recordando la figura de mi mentor (al que suelo calificar, “con respeto y gratitud”,  como ”una figura excepcional [que] entra en la Historia“) con palabras como éstas que pronuncié en la Academia General de Zaragoza en septiembre de 1977: “Resulta de justicia rendir en este momento tributo al esfuerzo de dos grandes soldados que pasaron ya a la Historia y que fueron los artífices del acontecimiento que festejamos: el general Primo de Rivera, creador de la Academia General Militar, y el Generalísimo Franco, su primer director.”
A la muerte del asesino Francisco Franco, me convertí en Jefe del Estado, Rey y también en el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, sin ningún tipo de concurso de méritos (porque no los tengo).
Muchos de mis más íntimos amigos, con los que me codeo mientras cazo, esquío, navego o sesteo por todo lo largo y ancho de este mundo con cargo al erario público, son dictadores o tiranos que gobiernan con puño de hierro en sus respectivos países o representan lo más florido de la oligarquía dominante del planeta. Otros muchos forman parte de la sociedad de viejo cuño que frecuento y aún les muestro mi interesada amistad concediéndoles prebendas y títulos nobiliarios. Así, nombré Señor de Meirás a Francisco Franco Martínez-Bordiu, nieto del dictador; duquesa de Franco a Carmen Franco Polo, hija del asesino; marqués de Arias-Navarro y Grande de España a Carlos Arias Navarro, presidente del último gobierno tardofranquista y conocido en otros círculos como el “carnicerito de Málaga”; marqués de Águilas a Alfonso Escámez, presidente del Banco Central; marqués de Cazalla a Juan Benjuméa, fundador de Abengoa; marqués del Pedroso de Lara a José Manuel Lara, editor de Planeta; marqués del Valle de Tena y Grande de España a Guillermo Luca de Tena y Brunet, editor del en su momento progolpista, luego franquista y siempre monárquico “ABC” de los Luca de Tena de Sevilla; marqués de la Ribera del Sella a Antonio Durán Tovar, presidente de Dragados; Grande de España a Javier Godó y Muntañola, editor del (desde 1939 a 1975) entusiasta diario franquista “La Vanguardia”; marquesa de O’Shea a Paloma O’Shea, esposa de Emilio Botín, cabeza del Banco de Santander; marqués de Asiaín a José Ángel Sánchez Asiaín, presidente durante años del BBV; y marqués de Villar Mir a Juan Miguel Villar Mir, ministro del gobierno de Arias Navarro y fundador del grupo VillarMir (Fertiberia, OHL, Ferroatlántica…).
Cuando llegué al poder era pobre de solemnidad y ahora acumulo, según la revista “Forbes”, una de las mayores fortunas del mundo, alcanzando la escandalosa e inmoral cifra de 1.800 millones de €uros, unos 300.000.000.000 (trescientos mil millones) de las ya desaparecidas pesetas.
He consolidado la institución antidemocrática que represento, convirtiéndola sin justificación ética alguna en hereditaria.
Mi hijo, mis hijas y mis niet@s nadan en la abundancia y gozan de enormes privilegios, sobrevenidos e inmerecidos.
Mis cuentas son absolutamente opacas y no pueden ser auditadas por el Estado de Derecho para el que suelo decir que trabajo y del que en realidad me sirvo.
Anualmente, el Estado contribuye a mis gastos con una propinilla de 1.500 millones de las antiguas pesetas. ¡Nada, una fruslería!
Juré orgullosamente las Leyes Fundamentales del Reino y los franquistas Principios Fundamentales del Movimiento, pero nunca he jurado ni prometido lealtad y sometimiento a la Constitución Española de 1978. Sólo me limité a firmar su promulgación, ¡y gracias!
¡Ah, se me olvidaba!: nunca he sometido mi cargo a elección y escrutinio público. ¿Para qué, si soy tan campechano?
VÍCTIMAS DE LA SUBLEVACION ANTIDEMOCRÁTICA Y DE CLASE QUE MI ABUELO, MI PADRE, MIS TÍOS Y MIS PRIMOS APOYARON Y QUE YO AÚN NO HE CONDENADO, Y QUE NO CONDENARÉ:
1Grupo de presos antifranquistas en la prisión de Burgos. 1945. Foto de origen indeterminado.
2Refugiados provenientes de Cervera de camino al campo de refugiados de Argeles. Foto de origen indeterminado.
3Varios brigadistas, uno de ellos chino, en el campo de concentración de San Pedro Cardeña, Burgos.
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Esta entrada fue publicada el diciembre 24, 2013 por en Opinión, Pasado.
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